Cuestionario Proust
Uno de los entretenimientos habituales en los salones de la sociedad francesa del siglo XIX lo constituían los cuestionarios de preguntas y respuestas breves, que debían descubrir la personalidad del enrevistado. Marcel Proust respondió dos veces a este cuestionario, aunque, a diferencia de la creencia popular, no fue él su creador. Actualmente existen diferentes versiones del llamado "Cuestionario Proust", al que Antonio Vives Fierro tuvo la amabilidad de responder a petición de tgapuzzle.
¿Cual es la principal característica de mi carácter?
La depresión.
¿La cualidad que prefiero de un hombre?
La honradez.
¿La cualidad que prefiero de una mujer?
Lo mismo.
¿Lo que quieres más de los amigos?
No creo en los amigos.
¿Mi principal defecto?
Las depresiones.
¿Mi ocupación preferida?
Pintar.
¿El sueño del bienestar?
Es un sueño.
¿Cual fue mi peor desgracia?
Haber nacido.
¿Qué querría ser?
Pintor.
¿Dónde desearía vivir?
En Barcelona.
¿Que color prefiero?
Negro.
¿Qué flor prefiero?
El lirio.
¿Qué pájaro prefiero?
El loro.
¿Mis autores favoritos?
Los griegos en general.
¿Mis poetas preferidos?
Baudelaire.
¿Los héroes de ficción?
Ulises.
¿Mis heroínas de ficción?
…
¿Mi compositores preferidos?
Joan Guinjoan.
¿Pintores predilectos?
Picasso. Hizo un resumen de todo lo que se había hecho en la historia de la pintura.
¿Mis héroes de la vida real?
Mis hijos.
¿Mis heroínas de la vida real?
Mi mujer.
¿Nombres que prefiero?
Los romanos.
¿Qué detesto más que nada?
La hipocresía.
¿Qué caracteres históricos menosprecio más?
Los emperadores romanos.
¿Qué hecho militar admiro más?
Ninguno.
¿Qué reforma admiro más?
Todas.
¿Qué dotes naturales querría tener?
Salud.
¿Cómo te gustaría morir?
Sin dolor.
¿Estado presente de mi espíritu?
Depresivo.
¿Hechos que me inspiran más indulgencia?
La lujuria.
¿Mi lema?
El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Otras entrevistas
Entrevista
Antonio Vives Fierro
Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 11 de tgapuzzle (verano 2005)
De parla pausada y tranquila, Antonio Vives Fierro es un pintor moderno. Para Vives Fierro el espectador tiene que prestar mucha atención e ir descubriendo, desconchando sus cuadros. No pueden hallarse a primera vista los secretos de sus lienzos. Su útima etapa, de 30 años, se centra en las urbes y todo el movimento que las caracteriza. Son cuadros complejos, como la vida en las ciudades, como los seres que habitan en ellas. Cuadros que invitan a la identificación de su público con el paisaje y no tienen nada que ver con la llana imagen de un paisaje rural.
Vives Fierro es crítico con la situación mundial, con la evolución de todas las cosas, pero él sigue siendo fiel a su profesión, continúa dedicando infinitas horas a sus obras en su estudio de Barcelona, porque así han trabajado los grandes pintores y el nombre aparece cuando el camino es largo y constante.
Para inspirarse viaja por todo el mundo; un detalle que deja entrever su mentalidad abierta. Ya de pequeño despuntó en las clases de dibujo y la inquietud que le caracteriza por conocer diferentes escenarios le llevó a París y, más adelante, a Londres. Esta capital fue la que le abrió la ventana de su gran tema, que después sería el único: las ciudades.
De él se han dicho muchas cosas: el escritor balear Baltasar Porcel, por ejemplo, ha dicho que la pintura de Vives Fierro está llena de estallidos visionarios y que es el primer pintor moderno que pinta a su manera. El periodista Sergio Vila-San Juan, por su parte, opina que es un artista sintético, de trazo rápido y eficaz, que se nutre de cuanta influencia positiva se cruza en su camino.
Sin duda Vives Fierro da mucho que hablar; ha sabido reciclarse en un mundo que cada vez va más deprisa; ha sabido abrirse camino y mantenerse en lo más alto, en una época en que la pintura está pasando por un mal momento.

¿Que le inspiró hacer la colección de cuadros del barrio del Raval de Barcelona?
Desde pequeño la relación con este barrio fue muy estrecha. Este barrio tiene muchas connotaciones: se vive en la calle. Es un barrio desconchado, en mal estado y esto pictóricamente es muy bonito. Tiene mucho carácter, está muy vivo.
En estos cuadros no personaliza a los individuos. ¿Prefiere la visión colectiva a la individual?
No me interesa el personaje en sí, lo que me interesa es el aire que se respira, el ambiente. Juego con el collage, con titulares de periódicos que me hacen gracia, que pueden contrastar con lo que significa el cuadro. Hay un espíritu crítico también un poco irónico, esto es lo que busco.
¿Sus lienzos quieren llamar la atención al espectador?
El trabajo que hago es muy laborioso; es decir, el tiempo que invierto creando el cuadro, el espectador debe invertirlo después e ir descubriendo todos los elementos que he introducido. Mis cuadros se tienen que mirar de cerca porque tienes que entrar a ver el detalle. Mucha gente cuando compra mis cuadros ve una serie de cosas y, cuando va pasando el tiempo, van descubriendo más: hay muchos elementos en la pintura que, de entrada, no se ven.
Utiliza líneas geométricas en sus cuadros, por ejemplo en esas calles con perpectivas. ¿Por qué utiliza esta técnica?
Juego mucho con la línea pulida. Es decir, en lugar de hacer una línea más espontánea yo busco un resultado más frío, más exacto.
Hablemos de sus cuadros de La Habana. ¿Qué paralelismo se podría hacer entre esta ciudad y Barcelona?
La Habana es una ciudad muy grande, extensa y no hay edificios altos. Hay barrios coloniales que tienen una arquitectura inspirada en el modernismo. Quizás el paralelismo más claro es que la gente en La Habana está en la calle porque el paro es muy elevado.
¿Cuándo empieza Vives Fierro a relacionarse con el mundo de la pintura?
Empiezo de muy pequeño; en quinto de Bachillerato mis notas eran muy buenas en dibujo, y lo demás no me interesaba. Después, con diecinueve años me fui a París a pintar, era el año 60. Fue sobre los años 70-72 cuando me fui a Londres y empecé a descubrir el paisaje de las ciudades. Londres es una ciudad muy pictórica, tiene muchos parques, las casas tienen mucho encanto. A partir del 80 empecé a pintar Barcelona. Pero fue gracias a Londres que abrí los ojos y me dí cuenta de que Barcelona tenía mucho encanto: toda la zona de la Eixample, el Modernismo, todo esto es muy bonito. Soy un pintor urbano, desde este descubrimiento de Londres he pintado muchas ciudades: a París voy mucho, tres o cuatro veces al año… también he pintado Nueva York, entre otras ciudades.
¿Qué piensa del cambio de Barcelona en estos últimos 10 años? ¿Le inspira para pintar?
En estas dos últimas décadas el arquitecto moderno es un protagonista nefasto, porque no admite ningún comentario, es un mal aliado con el pintor. Antes se trabajaba en equipo: arquitectos y pintores, ahora no, el arquitecto quiere protagonismo y pienso que no lo hace bien, porque hace más una escultura que un edificio. La arquitectura tiene que ser práctica.
Pero no descarto pintar estos nuevos edificios de Barcelona; ya pinté un cuadro del Macba, que es una parte de esta Barcelona. Un buen día te lo miras con otros ojos y piensas: quizás le podría sacar partido a esto.
¿Hacia donde cree que va el arte pictórico del siglo XXI? ¿Cree que la fotografía le está haciendo la competencia a la pintura?
La pintura está totalmente abandonada. Hoy en día los grandes mecenas del arte son las multinacionales. Creo que sí: la fotografía le hace la competencia a la pintura; en muchas ferias de arte se le da mucha importancia a la fotografía; pero un pintor tarda muchos años en formarse y el fotógrafo es cuestión de que se compre una cámara.
¿Cómo se soluciona esto?
No tiene solución. Es decir, nada tiene solución: la Antártida se deshiela, los bosques se queman y se talan… El hombre se tiene que ir acostumbrando a vivir sobre esta evolución del mundo. Hoy se vive muy deprisa y un buen pintor tiene que saber esperar, cosa que ya no ocurre porque ahora los que estudian pintura quieren hacer una exposición enseguida. Hace muchos años organicé una exposición con cinco alumnos míos del último curso, los más espabilados. Cuando llegó el momento en que tenían que poner los precios, pedían lo mismo que yo, ¡y yo hace 40 años que pinto! Decían que les costaba mucho y les contesté que la pintura no se paga por horas, se paga a medida que vas teniendo un nombre y vas vendido, entonces sí que se puede pedir un buen precio.
¿Cuáles son sus planes de futuro?
Hago entre ocho y diez exposiciones anuales. A principios de este año hago una restrospectiva de mi obra en el Ayuntamiento de Sitges. Obras a partir del año 54; es decir, se mostrarán mis 50 años de pintura. También tengo una exposición en París en el mes de Octubre y otra en Sitges, que será de temática variada.
Además, este año se va a hacer un parque escultórico en Madrid. Yo participaré con una escultura que serán unos bloques de cemento cuadrados donde se irán enganchando carteles encima y, a medida que se vayan deteriorando, irá cambiando. La idea es que la gente lo vaya llenando de cosas: grafitis y demás. Que sea una escultura viva.
¿Cuál será su próxima temática?
En principio tengo que ir a Reims, en Francia, que es la capital de la Champagne, donde están las cavas de champagne. Es un tema para mí muy interesante y me gustaría hacer algo sobre esto. En Francia la pintura está súper protegida, allí a los pintores nos admiran, nos quieren con locura y se interesan por lo que hacemos. En cambio en España, a la pintura se le ataca.
¿Cree que hay una falta sensibilidad en este país?
No. Es un problema de cultura. Yo no estoy nunca más de un mes seguido en Barcelona; además, durante el día estoy encerrado en casa trabajando en mi estudio y es por la noche cuando me relaciono.
Además de pintar. ¿Qué inquietudes tiene?
Mi afición es leer. Dedico tantas horas a leer como a pintar.