Cuestionario Proust
Uno de los entretenimientos habituales en los salones de la sociedad francesa del siglo XIX lo constituían los cuestionarios de preguntas y respuestas breves, que debían descubrir la personalidad del enrevistado. Marcel Proust respondió dos veces a este cuestionario, aunque, a diferencia de la creencia popular, no fue él su creador. Actualmente existen diferentes versiones del llamado "Cuestionario Proust", al que Joan Pere Viladecans tuvo la amabilidad de responder a petición de tgapuzzle.
¿Cual es la principal característica de mi carácter?
La tenacidad.
¿La cualidad que prefiero de un hombre?
La inteligencia y la integridad.
¿La cualidad que prefiero de una mujer?
No creo que las cualidades y los defectos sean cuestión de sexo. Por lo tanto, las mismas que he citado anteriormente.
¿Lo que quieres más de los amigos?
La lealtad y la capacidad para criticarme.
¿Mi principal defecto?
Entre otros muchos, una acentuada inclinación hacia el pesimismo.
¿Mi ocupación preferida?
Escuchar y mirar.
¿El sueño del bienestar?
Vivir en un mundo con menos desigualdades.
¿Cual fue mi peor desgracia?
Sería encontrarme con la imposibilidad de realizar mi trabajo.
¿Qué querría ser?
Me conformo con lo que soy, pero claramente mejorado.
¿Dónde desearía vivir?
En Canet de Mar, Aracena o en una Barcelona más habitable.
¿Que color prefiero?
Ninguno en particular y sí la relación entre ellos.
¿Qué flor prefiero?
La flor del naranjo.
¿Qué pájaro prefiero?
La garza.
¿Mis autores favoritos?
Poe, Saramago, Joyce, Lovecraft, Shopenhauer, Rilke.
¿Mis poetas preferidos?
Ausias March, Rimbau, Garcia Lorca, César Vallejo, Elliot, Espriu, Jordi de Sant Jordi.
¿Los héroes de ficción?
Stephan, el artista adolescente.
¿Mis heroínas de ficción?
La madres de Pudovkin.
¿Mi compositores preferidos?
Mozart, Beethoven, Brahms, Schönberg, Falla, Raimon, Bruce Springteen…
¿Pintores predilectos?
El pintor de Altamira, Zurbarán, Goya, Paolo C, Magritte, Miró, Rauschenberg…
¿Mis héroes de la vida real?
Todas las personas que, de manera cotidiana y anónima, luchan por su subsistencia.
¿Mis heroínas de la vida real?
Las madres de mayo.
¿Nombres que prefiero?
Lluís.
¿Qué detesto más que nada?
La arrogancia, el servilismo, la sumisión al poder y la falta de criterio.
¿Qué caracteres históricos menosprecio más?
Todos los que han estado detrás de la dictadura, la tiranía, la injusticia y la violencia institucionalizada.
¿Qué hecho militar admiro más?
Apto para servicios auxiliares.
¿Qué dotes naturales querría tener?
Sentido del ritmo.
¿Cómo te gustaría morir?
Recordando lo que he vivido.
¿Estado presente de mi espíritu?
Creativo.
¿Hechos que me inspiran más indulgencia?
Todos los ocasionados por el deseo de huir de la pobreza.
¿Mi lema?
Pensar con la sangre.
Otras entrevistas
Entrevista
Joan Pere Viladecans
Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 7 de tgapuzzle (verano 2004)
Con la mirada de un niño y las manos de un creativo maduro, Joan Pere Viladecans no deja de innovar en el mundo de las artes plásticas. En su casa de Canet de Mar ha plantado un pequeño huerto y, de ahí mismo, saca muchos de los materiales que luego ocuparán un lugar en sus cuadros. Concienciado de sobremanera con la naturaleza, cultiva sus fresas, sus zanahorias y demás para luego pintarlas a la perfección. No hay nada como tener tu propio modelo en tu propia casa. Su sensibilidad hacia el medio ambiente le ha acompañado desde los primeros años de vida hasta hoy. Actualmente está trabajando en una obra que hace referencia al proceso de germinación de los vegetales y su crecimiento, todo expresado de una manera alegre, mostrando la cara mas amable de la naturaleza, que es la primavera. Con los años, su preocupación ecológica ha ido cobrando más envergadura y se le nota preocupado cuando habla de ello. Pero no sólo es exquisito en esta faceta, sus gustos musicales, sus preferencias pictóricas, o su inclinación por determinada literatura dejan entrever que sus obras van mas allá de un lienzo, una litografia, un cartel o un grabado: Viladecans quiere que sus imágenes se interpreten como poéticas. No es partidario de explicar cada uno de sus cuadros porque quiere tocar la fibra sensible del público y ser capaz de emocionar y sugerir con sus pinturas unos adjetivos imposibles de describir en palabras. Es pausado y reflexivo en su conversación y no se compromete con proyectos a largo plazo; prefiere ir haciendo y exteriorizar aquello que lleva dentro sin necesidad de poner un numero limitado a su obra, ya que cuando acaba de pintar se queda vacío; nada mas autentico que acabar un proyecto cuando el cuerpo te lo indica.
He aquí una de las pocas interpretaciones de uno de sus cuadros, que nos muestra en la foto anterior: “Es una obra ambigua que tiene una doble lectura: por un lado está el ojo que hace referencia al corazón que late de Edgar Allan Poe y, por otro, la forma del corazón sacada de la forma de un diente de tiburón; a su alrededor hay unas formas que pueden parecer espermatozoides, pero si nos fijamos bien son como el capilar que no se ve y el pelo o cabello. Intentando hacer referencia a esa leyenda antigua que dice que los héroes tenían pelos en su corazón”.

¿Cómo salió la idea de ilustrar el libro de Edgar Allan Poe?
Círculo de Lectores me dijo que querían hacer un proyecto conmigo, pero que les propusiera ideas. Así que les propuse hacer la obra completa de Poe. Estuvieron completamente de acuerdo, es más, se entusiasmaron, y a partir de aquí me puse manos a la obra. A mi Poe siempre me había atraído mucho y creo que me ha influenciado bastante en mi carrera, como narrador y poeta. Creía que el tema lo conocía y dominaba. Después ví que era una suposición ingenua porque en el segundo volumen hay una cantidad de narración que yo desconocía, que se apartan del arquetipo del Poe tópico y que son narraciones muy variadas: por un lado, se ríe, hace mofa y ironía de todos los personajes poetas y editores) que tuvo que sufrir en su época y, por otro lado, hay narraciones muy comprometidas con el amor romántico, perdido. Después hay unas narración que tiene una componente ecológica y ecologista, unas descripciones de paisajes muy mínimas de contenido pero que revelan también un extraordinario escritor.
¿Ha sido difícil afrontar este reto, dada la talla de Poe?
Sí. Rápidamente me di cuenta que el placer de la lectura quedaba substituido por la obsesión por la lectura; buscarle las imágenes me resultaba difícil, algunas incluso me las leía hasta ocho veces para quedarme tan sólo con un par de líneas o tres o cuatro palabras. Creo que, todavía hoy, Poe es un misterio para desvelar y yo no quiero colaborar a desvelarlo con mis ilustraciones. Por eso he querido hacer algo global y no dibujar situaciones concretas, ni figuras concretas, sino dedicarme más a captar la atmósfera y la magia de todas las narraciones: Poe es así un narrador muy poético pero terrorífico, pavoroso y que permanentemente habla de la maldad del hombre y de sus miedos.
¿Sus composiciones son sintetizadas?
Hay un proceso de síntesis para entrar en el ámbito poético. El tamaño, el color, las formas, siempre están en función del detonante inicial, de la idea que uno quiere expresar.
¿Sus obras tienen que ver con su manera de ver la vida?
Creo que pintar es una manera de entender la vida y de dar una opinión de la época que te ha tocado vivir. Crear no es nada más que un metabolismo: ir absorbiendo todo lo que pasa a tu alrededor, interiorizarlo y volverlo a sacar, transformado.
¿Hasta que punto es importante la simbología en su obra?
No creo que mi obra sea tan hermética como para interpretarla por símbolos, lo que pasa es que muchas veces los pintores hacemos cosas y la gente lo interpreta de otra manera. Hay cosas que no son símbolos pero cuando las has acabado de trabajar se vuelven símbolos.
¿Hay algún símbolo que le guste especialmente?
Me gusta interpretar la naturaleza agredida, el difícil diálogo que tiene el hombre contemporáneo con el entorno natural. Y tengo también una obsesión con el paso del tiempo, que a veces interpreto con colores carbonizados, fosilizados: el tiempo detenido.
¿Todas estas reflexiones hacen que se le pueda considerar un pintor cerebral?
Creo que me mantengo en un diálogo permanente entre el instinto y la razón, aunque predomina el instinto. Tengo una forma de trabajar con una idea concreta, que a menudo anoto en una libreta que llevo siempre encima. Pero cuando lo tengo claro me lanzo a hacerlo y la obra incluso cobra vida, como si replicase, y todo lo que pasa luego en la realización de la obra, el azar, me enriquece. De principio a fin no soy para nada cerebral, todo lo contrario: soy muy impulsivo, muy intuitivo y muy apasionado.
¿Se puede hablar de un estilo Viladecans?
Intento apartarme de todos los estilos para afianzarme en una poética personal.
¿Se considera un científico de la pintura, un experimentador?
No. Lo que pasa que yo utilizo muchos materiales, la mayoría no habituales, porque tengo una predisposición a que, según sea lo que quiero hacer, automáticamente ya tengo el material con el cual puedo hacerlo. Voy probando materiales continuamente, sencillos y complicados, depende: desde las resinas, el suelo o pinturas no habituales.
¿Hay algún material con el cual esté más cómodo o se sienta más identificado?
No tengo ningún tipo de fetichismo con ningún material determinado. Al contrario, tengo tendencia a crear materiales y soportes que me cuesten, es como un reto para superarme. A veces elijo la celulosa o la pasta de papel, que cuesta mucho dibujar y esto me estimula; me gusta porque saca la facilidad.
Los colores transmiten mucho. ¿Tiene alguno preferido?
Junto con la forma, el color es el que trasmite las emociones. No tengo ninguno preferido, va por épocas. Con los dibujos de Poe no me he movido de la gama de negro, rojo y un poco de canela.
La colaboración con Martí i Pol ¿tuvo el placer de poderla compartir con él?
A Martí i Pol lo conocía hacía mucho tiempo, porque me habían pedido unas portadas de sus primeros libros. Era un hombre que hablaba con sensibilidad, se expresaba con los ojos, era muy afectuoso, sumamente inteligente y sensible. Se le adivinaba una persona positiva y optimista.
El hecho de buscar constantemente sus propios soportes y materiales poco habituales, ¿le hace buscar la perfección?
Más que la perfección lo que busco es hacerme entender bien. Decir aquello que yo quiero decir, no de una manera cerrada sino lo contrario; creo que la pintura contemporánea no es una pintura que se cierra en si misma sino que sugiere, da unas pistas concretas y, a partir de aquí, pues el espectador hace su propia lectura según su sensibilidad, su manera de entender las cosas, sus vivencias. También hay obras que están hechas para molestar no sólo existe el tópico de que la pintura debe ser decorativa, amable y bella; me utiliza también para hacer reaccionar, ser desagradable, si estamos hablando de la naturaleza deteriorada no podemos ser amables.
¿Hasta que punto es importante el público?
Es fundamental, creo que hay que trabajar con la posible complicidad del público sabiendo que esas cosa tarde o temprano serán contempladas, por lo tanto acabadas. La obra no está acabada hasta que no la ven otro ojos, es más yo cuando voy a las exposiciones procuro pasar desapercibido y yo mismo tengo la capacidad de ver mis obra a través de otros ojos. Se aprende mucho porque la creación es este triángulo maravilloso que va desde el corazón a la mano al público.
¿Que importancia tiene la litografía dentro de su trayectoria?
Mucha, porque es un cambio de herramienta. Es una técnica relativamente antigua, de artesanos cartelistas hasta que lo tomaron los franceses especialmente Toulousse Loutrec con los carteles del Moulin Rouge. Me temo que es una técnica que se va perdiendo hay pocos artesanos y la mayoría de pintores desconocen la técnica, es fantástica pero cuesta mucho. Cada color lo tienes que hacer con una plancha diferente.
¿Cómo empieza a sumergirse dentro del mundo de la pintura?
Siempre he tenido un carácter introvertido y muy tímido, y más que jugar con otros niños me quedaba en casa dibujando; también iba mucho al Museo del Parque de la Ciudadela y, sobretodo, iba a dibujar al natural: al zoológico, la Barceloneta: los pescadores y las barcas... siempre haciendo un grandísimo esfuerzo porque me daba mucha vergüenza que me viesen. Todavía ahora siento vergüenza.
¿Cómo fueron las primeras exposiciones?
Trabajé en muchas cosas para poder ganarme algo de dinero y comprar los materiales para pintar. Llegó un momento en que consideré que quizás lo tenía que probar: cogí una carpeta y me recorrí todas las salas de Barcelona con una verguenza horrible. En algunas me recibían, en otras no. Nadie me hizo caso. Entonces me fui a la Sala Gaspar, que era la más importante, donde estaban Picasso y Miró. Me hicieron volver dos o tres veces, hasta que un buen día me dijeron que a la semana siguiente exponía. Tuve que firmar mis obras, desenmarcarlas para poderlas firmar. Entonces trabajaba en una casa de seguros, pedí una excedencia de seis meses. La exposición fue muy bien, pero yo estaba en edad de aprendizaje y tenía la sensación de que me equivocaba en público. Tenía 23 años y las obras estaban hechas con 18 años. A partir de aquí empecé como pintor profesional.
¿El hecho de ser autodidacta le da más libertad?
No creo ni en las escuelas, ni en las academias. En todo caso creería en un academia donde se comentaran los valores que ya tiene el individuo en sí y se le ayudara a desarrollarlos. ¿Qué te enseñan? Unas técnicas de cómo se mezclan unos colores, soportes, herramientas; eso se enseña en media hora.
¿Qué proyectos tiene?
Las exposiciones de los originales Poe: el 11 mayo expongo en Madrid y septiembre o octubre en Barcelona.
¿Alguna meta, algún objetivo?
Ninguna. Este es un trabajo muy arbitrario, muy impulsivo y es muy difícil de planificar. Al menos, yo no planifico.