Entrevista

Josep Maria Subirachs

Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 6 de tgapuzzle (primavera 2004)

Josep Maria Subirachs descubrió el apasionante mundo del arte a través de los ojos de su padre. Su progenitor le trasladó la inquietud por mirar las obras y conocerlas de cerca; años después, este inicio sería tan sólo el principio de una carrera incansable del genio.
Los inicios del escultor no fueron fáciles: por motivos económicos, no pudo matricularse en la Escuela de Arquitectura; fue la práctica la que le puso en contacto con las materias primas de esta ciencia. Empezó trabajando en un taller modelando figuras de hierro pero, sin duda, la influencia del escultor Enric Casanovas fue condicionante para el aprendizaje de Subirachs.

Su primera exposición se celebró en 1948; entonces sus bases eran el equilibrio y la proporción. La figura de la mujer llevó a Subirachs a investigar sobre la tradición histórica y escultórica de épocas pasadas. Pronto su estilo, quizás por influencias remotas que le llevaron hasta la prehistoria, dio un giro relevante: pasó de crear esculturas con rostros serenos y líneas curvadas a una depuración exhaustiva de las formas que le llevó muchas veces a la abstracción.

Los viajes del escultor le permitieron investigar y estudiar mucho; conoció las grandes obras de los maestros del pasado, así como la obra de artistas de vanguardia.
Los materiales que utilizará el artista a lo largo de su vida son diversos. El hierro, por ejemplo, será un elemento con el cual creará estructuras complejas, preferentemente con verticales, en las que prevalece el factor lineal.

La relación entre hombre y mujer que interpreta en sus obras se encuentra llena de signos: los tres vértices de un triángulo simbolizan los elementos cerebral, sentimental y sexual; cada uno de ellos es una opción que escoge el ser humano a lo largo de su existencia.

A mitad de los años sesenta su obra deja de ser abstracta para introducir elementos de realidad. La característica fundamental de este periodo es la concepción dualista de la vida: hombre-mujer, vida-muerte, tiempo-espacio. Un estilo que también le lleva a jugar con elementos positivos y negativos. Una dualidad que Subirachs lleva al extremo al confrontar materiales blandos con materiales duros, elementos verticales con horizontales, colores oscuros con colores claros.

Los relieves de Subirachs serán otro rasgo admirable de su firma. Cuando Subirachs domina un tema lo duplica, ofrece dos visiones de un trozo idéntico: uno que sobresale y otro hundido. Es el negativo del volumen.

En los años sesenta el polifacético escultor introduce otro arte en su obra: el legado de Subirachs como dibujante es extraordinario; surgen innumerables litografías y grabados. La pintura empezará a estar presente y, a mediados de esta década, se mezclará con el relieve: surgen obras de bronce y madera, sobre la cual Subirachs desarrolla sus pinturas.

Cada fragmento de su lienzo tiene un sentido propio, lo que corrobora la inteligencia de este maestro del Noucentisme. En los años ochenta su creación de cuadros estará más asentada.

La Sagrada Familia:
Sin duda la fachada de la Sagrada Familia de Josep Maria Subirachs es inconfundible; los rostros marcados y rígidos de sus esculturas chocan visualmente con las formas más naturales y redondas de la fachada del modernista Gaudí. Las piedras claras y limpias dejan entrever la juventud de una obra que es el símbolo de la modernidad, un puente hacia el futuro. Curtido de picar piedra y hacer obras al exterior, Subirachs ha contribuido a crear y rehacer uno de los monumentos eclesiásticos más emblemáticos y maravillosos del mundo: La Sagrada Familia. Su mentalidad, enormemente abierta, le permite apreciar tanto las obras actuales como las antiguas.

El sentido de la lectura de las escenas empieza en la parte inferior de la fachada de la pasión con la Santa Cena. Siguen hasta tres pisos de momentos bíblicos reproducidos por unas manos privilegiadas, incansables, que obedecen las órdenes del valioso cerebro del artista.

Quedan escasos meses para que Subirachs acabe su encargo. Después de sufrir dos operaciones, y con la impaciencia que le caracteriza, Subirachs no quiere perder más tiempo y ya se ha puesto a trabajar en lo que serán las últimas piezas, entre ellas un Cristo de unos 5 metros de altura. Gracias a un trabajo constante, poco a poco La Sagrada Familia empieza a ver sus últimos años de construcción. Parte de ella es el trabajo de Josep Maria Subirachs, que los amantes del arte podrán empezar a disfrutar, ya acabado, dentro de muy poco.

¿Cómo están las obras de la Sagrada Familia?
Las obras de La Sagrada Familia continúan. Mi encargo es trabajar en la fachada de La Pasión, que estará acabada en medio año. Ahora estoy en el final, trabajando en la parte de arriba. Allí se colocará la resurrección de Cristo, el Cristo en la cruz que tiene cinco metros de altura y que, ahora mismo, se está fundiendo.

Su fachada de la Sagrada Familia es muy diferente a la de Gaudí. ¿Es consciente de que representa el enlace con el siglo XXI, la modernidad?
Sí, eso es lo que yo quería. Cuando me encargaron esta fachada la acepté con la condición de no imitar a Gaudí. Creo que lo mejor es que se pueda ver muy claro en que época está hecha cada obra y quien la ha hecho.

¿Cómo se siente usted como coautor de un monumento tan importantes como el de la Sagrada Familia?
Me siento muy bien aunque estoy acostumbrado a hacer obras grandes y al exterior. La fachada de la Sagrada Familia es muy trabajosa físicamente, a mi edad ya empieza a cansarme un poco.

¿Cómo trabaja usted?
La obra que pretende ser una obra de arte es un trabajo cerebral. Lo que pasa que se tiene que realizar y entonces se trabaja con las manos, pero lo primordial es la cabeza. La obra de arte es un producto del cerebro humano, incluso si no tuviera manos podría dirigir a otro y hacer una obra.

Usted trabaja con diferentes materiales y texturas. ¿Con que material se encuentra más cómodo?
Escoger el material es uno de los buenos aciertos de una obra de arte. Esto depende del tipo de escultura; por ejemplo las puertas de la fachada de la Sagrada Familia, que he hecho yo, son unas puertas que no pueden ser de piedra, tienen que ser de metal, en este caso son de bronce. Las obras vinculadas con la arquitectura (edificios, monumentos) suelen ser de piedra, es decir, que el material se escoge según el sitio donde va la pieza y el carácter que uno le quiere dar.

En sus inicios fue discípulo del escultor Enric Casanovas. ¿Qué representó para usted?
Para mi fue un hombre muy importante. Casanovas es el gran escultor del Noucentisme y mi generación es la que viene después, por lo tanto, haber trabajado con él tiene mucha lógica porque soy un sucesor de este movimiento cultural.

Ha vivido en países europeos a lo largo de su carrera: Francia, Bélgica. ¿Esto amplió su mentalidad artística?
En estos sitios hay mucha acumulación de obras de arte y esto siempre enriquece.

¿Cúal es el escultor que más admira?
De la época actual: Henri Moore, un escultor inglés que aprecio mucho pero que, desgraciadamente, ya está muerto. También admiro otras obras del pasado, me gusta mirarlas y reconocer que están bien. Soy un gran admirador de Miguel Ángel.

¿Que le parecen las obras arquitectónicas que se están haciendo en Barcelona, por ejemplo El Fòrum de les Cultures?
Me parece muy bien porque es una manera de actualizar la ciudad y ponerla al día. El edificio de las aguas que se está haciendo en Barcelona de manos del arquitecto francés Jean Nouvel, que tiene una forma de cohete, será magnífico para Barcelona porque le dará mucho carácter.

¿Cree que usted ha creado un lenguaje dentro del arte? ¿Se podría hablar del estilo Subirachs en las escuelas o talleres de escultura?
A mí me parece que sí, aunque no debo ser yo el que lo diga. Si no fuese así significaría que he fracasado durante mi carrera. Cada artista es un escalón más de una especie de escalera que forma parte de la historia.