Entrevista

Margarita Riviere

Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 14 de tgapuzzle (primavera 2006)

Tras un aspecto aparentemente tranquilo y una figura delgada, se esconde una mujer que ha contribuido a enriquecer la cultura de nuestro país. Eso no tiene precio, pero si valor ilustrativo. Fue en 1964 cuando Margarita Riviere se estrenó como corresponsal en España de la revista Marie Claire; a partir de ahí se fueron sucediendo sus trabajos periodísticos en diferentes medios, hasta llegar a ser directora de la Agencia Efe en Cataluña, entre 1978 y 1988. Un cargo impensable durante la dictadura franquista. Rivière entró en la profesión periodística en un momento muy dulce, cuando todo volvía a empezar. Escritora de veinte libros durante su carrera, ahora ha colgado la pluma. En 2005 publicó su último libro, “El placer de ser Mujer”, en la editorial Síntesis. Actualmente, combina sus colaboraciones en El País, Radio Nacional, El Correo de Bilbao… con su formación universitaria en sociología.

Ha rebasado los 60 y continúa formándose, luchando para ser cada día un poco mejor y, así, obtener más conocimiento. Es consciente que en el mundo de la comunicación existe una gran responsabilidad hacia las personas que se nutren de los periodistas que opinan o informan. Margarita Rivière es un ejemplo a seguir, en una sociedad de la información que no debe perder de vista a los grandes que han escrito la historia para llegar a donde estamos.

¿Cómo se encamina hacia el mundo de la pluma y la comunicación?
A mí me gustaba mucho la música, quería ser pianista y cuando me dijeron que tenía que trabajar como mínimo siete horas diarias dije que no me compensaba. Dejé la carrera de piano y empecé a dibujar. Quería ser diseñadora de moda, tuve la suerte de ir a París a hacer un curso y después un stagge en la revista Marie Claire en el año 63, en París. Cuando volví a España lo hice como corresponsal de esta revista. Una vez acabé, empecé a estudiar periodismo.

¿Se considera más escritora o periodista?
Las dos cosas, aunque el periodista es aquella persona a la que su curiosidad pone al servicio de los demás, y es fantástico descubrir cosas y después poder explicarlas.

¿Cómo se hace para aguantar tantos años en esta profesión?
Los de mi generación tuvimos mucha suerte porque encontramos trabajo enseguida. Aunque las mujeres tuvimos pocas oportunidades, afortunadamente hoy en día no pasa esto.

Algunos de los cargos que ha tenido han sido de peso como jefe de sección o directora de Efe en Catalunya. ¿Cómo es Margarita Riviere en un cargo así?
Creo que cada persona tiene su talento y es complicado llegar a éste en un medio tan rápido. En Efe aprendí que el periodismo es un servicio que sirve al ciudadano para que pueda decidir, hecho por periodistas anónimos donde los que te juzgan son tus colegas, que no admiten ninguna mentira ni ningún fallo. Es un periodismo de primera.

De todos los medios donde trabaja, ¿en cuál se encuentra más a gusto?
En prensa. Esto no quiere decir que la radio no me guste, me gusta mucho, y la televisión me gusta menos; es aquello de que te miran pero no te escuchan. Lo que me gusta más es hacer artículos de opinión, que al fin y al cabo es lo que hace la gente mayor.

¿Cómo es su día a día?

A mis 61 años, estoy en un momento en que me tomo la vida con calma. Tres días a la semana tengo tertulias de radio y televisión de buena mañana; además, colaboro haciendo artículos para El País, el Correo de Bilbao y otras publicaciones. También preparo clases: soy profesora de un Máster de periodismo y estoy en plena elaboración de una tesis doctoral de sociología.

¿Por qué se ha metido a hacer una tesis doctoral de sociología?
Durante toda mi vida había querido aprender sociología en serio y ahora puedo hacerlo. Me matriculé en la Universidad de Barcelona, hablé con el doctor Salvador Giné, que es mi amigo, me aconsejó una serie de cosas. Fui a clase, hice exámenes y ahora trabajo en la tesis.

¿Cómo ha ido esta experiencia?
Es casi un lujo, y me ha servido para ordenar ideas porque en el mundo del periodismo trabajamos con demasiadas prisas y me faltaba una parte de reflexión sobre lo que había aprendido. Ahora comprendo mejor las cosas, porque conozco más autores.

¿Qué se siente al volver a ser alumna y a hacer exámenes?
Es maravilloso. Comparto clases con gente joven fantástica y con otros no tan jóvenes. He vuelto a tener miedo a los exámenes y lo he superado.

Debe ser un lujo tenerla como compañera.
No, en todo caso ha sido para mí muy enriquecedor ver las inquietudes de la gente que estudia una carrera.

¿Le gusta ser profesora?
No mucho: es muy esclavo y tienes que entregarte demasiado. Aún así, se aprende mucho de los alumnos.

¿Cómo ve a la nueva generación de periodistas en sus clases? ¿Están motivados?

Los veo motivados por cosas que no son el periodismo. Es decir, los medios de comunicación se han convertido en una especie de ágora pública, y si no sales significa que no existes. Es posible que algunos de estos jóvenes tengan esta idea del periodismo o la idea de algunas vedettes de la televisión: salir para que tu cara sea conocida, para ganar dinero. Por otro lado, hay otros que quieren cambiar el mundo, así que todavía existen los idealistas.

¿Qué recomienda a sus alumnos?
El primer día de clase acostumbro a decir que la gran diferencia entre ellos y yo, es que yo recuerdo perfectamente del día que ví por primera vez la televisión, y ellos no. Haber nacido sin televisión significa silencio, aburrimiento, una serie de cosas que ahora no pasan. Esta diferencia es importante y la gente joven está cambiando sus percepciones y experiencias gracias a la tecnología.

Además del periodismo también la ha acompañado el mundo de la literatura. ¿Qué se siente después de haber escrito veinte libros?
Pienso que los libros al final se escriben con el trasero (ríe). ¡Porque te pasas muchas horas sentada! La gente como yo, que somos activos, lo pasamos mal porque tenemos que dedicarle muchas horas. Ahora he dejado los libros aparte para dedicarme plenamente a la tesis.

¿Qué le gusta leer?
Muy poca novela. Leo sobretodo ensayos. Ahora estoy leyendo todas las cartas de María Antonieta a su madre y a un ministro austríaco; me interesa mucho el siglo XVIII.

¿Qué piensa sobre los libros de autoayuda?
Creo que este tipo de publicaciones es necesaria, y yo de alguna manera escribí libros de autoayuda con Santiago Dexeus, en 1977: Anticonceptivos y control de Natalidad y otro sobre la menopausia, La aventura de envejecer, en 1987.

¿Tienes alguna anécdota sobre el libro de los anticonceptivos?
Fue en la España del 76 cuando hicimos la presentación de ese libro; todavía existía el artículo 420 del código penal, que prohibía hablar de anticonceptivos. Hicimos la presentación en el Colegio de Médicos y esperábamos que viniera la policía, pero para nuestra sorpresa quien vino fue un grupo de feministas. En esa época los grupos radicales de feministas estaban en contra de la penetración y, por eso, estaban en contra de divulgación de anticonceptivos.

¿Se considera feminista?

Yo, ahora, sí. Es más, comprendo perfectamente a aquellas señoritas que vinieron a la presentación, porque si hoy las mujeres hacen cosas es porque hubo un sector que protestó mucho. De lo que no estoy a favor es de la lucha entre hombres y mujeres; el feminismo no es una lucha entre sexos, sino la lucha contra algunos principios que ha tenido el hombre sobre las ideas de las mujeres. Sintetizando mucho, es esto.

Después de acabar estos dos años que le quedan de tesis. ¿Cuales son sus proyectos?
Jubilarme algún día. Me gustaría volver a viajar y me encantaría hacer una cosa que siempre he pensado que es dar la vuelta al mundo.

¿Qué lugares a los que ha viajado le han impresionado más?
Soy una enamorada de América del Norte y de América del Sur; del continente americano. Y de Europa, por supuesto.

Si pudiera escoger algún viaje después de acabar su tesis, ¿dónde iría?
Me gustaría viajar con un intérprete para mi sola. Seguramente me gustaría ir a China; no he ido a Asia por el idioma, me pasa lo mismo con África.

¿Qué visión cree que tendría del mundo en que vivimos, una vez hubiera hecho la vuelta al mundo?
No lo sé, supongo que tendría que comprobar si el mundo es tan pequeño como parece, o tan grande como parece. Seguramente encontrarías buenas personas en todas partes. Es lo más común, lo que pasa es que las buenas personas no hacen ruido. Las malas son las que hacen más ruido y parece que estemos rodeados de gente peligrosa y resulta que son cuatro.