Entrevista
Josep Maria Puig Doria
Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 12 de tgapuzzle (otoño 2005)
A lo largo de la historia, el ser humano siempre ha querido engalanarse con sus mejores ropas y piedras preciosas. La casa de joyas Puig Doria ha revolucionado desde sus inicios este sector, innovando y buscando con inquietud los materiales más asombrosos para lucir en el cuerpo.
La historia de la famila Puig Doria está llena de creatividad y sensibilidad artística. El abuelo del actual propietario de la casa Puig Doria fue arquitecto, discípulo de Gaudí y, sin duda, una influencia exquisita. El hijo del arquitecto empezó a trabajar sus pequeñas obras de arte en 1953, en una habitación de un piso de la calle Provenza de Barcelona. Cinco años más tarde el negocio se amplió a los bajos del edificio y, luego, se instaló en una de las mejores calles de la Ciudad Condal: la Diagonal y, después, en La Rambla de Catalunya.
En 1969, Puig Doria creó la primera línea de plata en joyería, impulsándola en nuestro país. Hizo numerosas exposiciones por todo el mundo y, sin duda, su trabajo ha sido muy reconocido. En 1976 José Maria Puig Doria fue el primer español que consiguió el más prestigioso galardón en diseño de joyas con piedras preciosas: el International Diamond’s Award. Este y otros premios han sabido reconocer su carrera profesional.
El fundador de Puig Doria heredó la influencia y delicadeza del Modernismo y en sus joyas supo combinar la elegancia con las estética de este arte y el colorido, dando como resultado unas joyas de naturaleza exquisita con un sello de calidad cuyo objetivo es desmarcarse de todo lo demás.
Hace más de diez años se produjo el relevo generacional y Josep Maria Puig Doria, hijo, es muy consciente de su responsabilidad: el diseñador continua trabajando, insaciable, diseñando las joyas como si cada una fuera la primera y la única. Ninguna pieza es considerada un mero objeto de adorno, sino al contrario, cada una de ellas es una obra de arte fruto de la inspiración, del trabajo constante y de una mente llena de ideas que intenta perfeccionar sus resultados en cada joya.

¿Cómo son las joyas de este año 2005?
Hay un poco de todo como cada año: desde joyas hasta brillantes. Personalmente, hay un colgante largo que me gusta mucho. Se puede dividir en distintas partes; una de ellas es un collar muy sensual que cuelga por detrás de la espalda.
La novedad principal es la turquesa, hemos buscado mucho el color. Además, nos hemos centrado en joyas para la juventud, muy llevables, de la línea de ahora; no son sofisticadas pero son joyas que quieren realzar a la niña joven de 15/16 años. Hemos querido establecer un paralelismo entre el cambio que realiza la mujer en una edad determinada y cuando empieza a ponerse joyas.
¿Cómo es el público objetivo de Puig Doria?
La persona que quiere ponerse nuestras joyas busca la diferencia, busca una pieza moderna, de diseño y, sobretodo, de mucha calidad. Tenemos como referencia no acudir a ninguna feria o acto porque no queremos coger influencias de los demás, esto hace que nosotros mismos vayamos en busca de las tendencias.
¿Qué ha significado para usted continuar el negocio de su padre?
Gracias a Dios he podido pasar este proceso con mi padre al lado; cuando llegó a la etapa de jubilación lo dejó todo, aunque siempre me ha dejado la puerta abierta para que le hiciera cualquier consulta. Ahora ya llevo 14 años solo en el negocio y es una responsabilidad muy grande porque a mí siempre me van a comparar con él. Por eso siempre busco algo diferente, que no haya creado mi padre.
¿Hay algún consejo en especial que le haya dado?
El consejo más importante que me ha dado, quizá, es que no debo engañar nunca a un cliente, que lo aconseje bien. Es decir, venderle la pieza que realmente le favorezca, independientemente del precio, no la que le guste. En alguna ocasión he podido vender joyas caras a clientes y, sin embargo, las he vendido de plata porque en aquel momento consideraba que le favorecían más.
¿Para ser joyero hay que tener una sensibilidad especial? ¿Cómo mira Josep Maria Puig Doria el escaparate de la vida?
Hay que tener mucha sensibilidad en todos los aspectos. Un diseñador de joyas no puede ponerse a diseñar fríamente, necesita inspiración. He aprendido de mi padre que hay que aprovechar las fuentes de inspiración. Yo he visto a mi padre en restaurantes o cines dibujando una joya en un papel para después trabajarla en el taller. A mí me pasa lo mismo, porque lo he vivido desde pequeño.
¿Cómo cree que está España en el mundo de la joyería en cuanto a calidad y diseño?
Creo que somos una de las primeras potencias mundiales en cuanto a diseño. El latino es un ser sensible, aventurero, y esto hace que estemos en la onda, en los movimientos y en las tendencias de la moda.
¿Que proyectos tiene en un futuro?
A mí me gustaría abrir más puertas de las que ya están abiertas. Me gustaría expandirme más; por ejemplo, abrir una tienda en Madrid.
¿Cómo se definiría?
Soy una persona muy inquieta en el mundo de la moda; siempre intento hacer cosas diferentes y me preocupo mucho. Tengo mi despacho justo al lado del departamento de diseño y estamos todo el día dándole vueltas a materiales nuevos, formas nuevas.
¿Cómo surgió la idea de trabajar con materiales
tan atípicos como el coco, la cáscara de huevo
o el titanio?
La historia de la cáscara de huevo vino porque mi abuelo era arquitecto y trabajaba con Gaudí; trabajó durante 40 años en la Sagrada Familia. Mi padre antes de retirarse dedicó una colección especial a mi abuelo en referencia a Gaudí y de ahí vino toda la influencia de los mosaicos, el titanio, el nácar, la cáscara de huevo. En cambio, la madera y el coco vienen del año 69 o 70.
En sus ratos libres. ¿Dónde vamos a encontrar a Puig Doria?
Me gusta mucho jugar a golf. El golf me da el poder estar en la naturaleza, compartir un rato con los amigos, ya que tengo poco tiempo. Me distrae un poco y me aleja del mundo en el que estoy encerrado todo el día; porque si no me da algo. También me gusta jugar a tenis y salir a navegar.
