Entrevista
Toni Morral
Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 21 de tgapuzzle (octubre 2007)
El actor y director esconde bajo su apariencia breve y, en ocasiones débil, a una persona enamorada de su profesión. Su secreto es comunicar por encima de todo y, aunque se distingue por ser un personaje modesto y humilde, es un veterano artista del mundo del espectáculo.
Cerrando los ojos y escuchándole conversar nos encontramos delante del excéntrico Woody Allen. Hace 20 años lo viene doblando con un dominio envidiable de sus recursos vocales. Dos personajes que se deben a un trabajo frenético, un poco inseguros y entregados a lo que les gusta. Joan Pera, además, debe desdoblarse y darle vida a los múltiples papeles que interpreta Allen. Sin duda, esta dicotomía entre el mundo de los escenarios y el mundo de Woody Allen le ha acompañado durante buena parte de su vida.
Educado, sensible, un punto despistado, atento y caballero por encima de todo. Prima la buena sintonía entre la compañía, así lo está demostrando estos meses en el Teatro Condal de Barcelona interpretando la obra: Óscar. Una maleta, dos maletas, tres maletas; una versión de la comedia de Claude Magnier. La obra da juego y permite una cierta flexibilidad e improvisación en el texto. Por eso, cada día es una sorpresa: ahí aparece la sintonía entre los actores y el público. El mejor elixir para mantenerse tanto tiempo encima de los escenarios. Uno de los rasgos relevantes de su carrera ha sido permanecer varias temporadas representando una misma comedia con el actor Paco Morán como fue el caso de “La extraña pareja” o “Mamaaaá” que tuvieron un éxito rotundo en Barcelona.
Ahora, satisfecho con su carrera teatral, abre nuevos horizontes participando en una serie de televisión y estando presente en los medios de comunicación. Un sujeto actoral incansable. Ésta es la razón para que de la talla sobresaliente, doblando al inquieto Woody Allen.

¿En que momento está Joan Pera?
Muy difícil, porque es el momento de las grandes realizaciones. He estado toda la vida en el teatro y siempre me ha ido bien. A raíz de estos éxitos, ahora me llama la televisión para que trabaje con ellos, las radios... me piden muchas cosas y me es difícil decir que no. Toda mi vida soñé en salir en una serie de televisión, ahora salgo en una en Televisión de Catalunya y tengo un miedo que me muero. Esta inseguridad de los actores que, en reglas generales, la tenemos todos los cómicos; me tiene inquieto. Este es un año convulso para mí. Llegado el momento de las realidades me da miedo no llegar a las expectativas que la gente tenía en mí.
Debería ser distinto: el actor a medida que se hace mayor va madurando, tiene más experiencia y debería sentirse más seguro.
Yo pienso que soy muy bueno, pero no demasiado. Woody Allen dice que hay dos grandes tragedias en la vida: una es no conseguir nunca lo que quieres y, la otra, es conseguirlo. Yo ya he pasado de una tragedia a la otra, ahora estoy consiguiendo lo que quiero y, poco a poco, me doy cuenta que a veces no llego, quiero más o me sabe mal no haber llegado. Esto hace sufrir un poco.
Es la voz de Woody Allen en castellano. Hablemos de este personaje que, además ha estado rodando en España este verano, sobretodo en Barcelona. ¿Se conocen personalmente, que relación tienen?
Sí, pero no somos amigos íntimos. A él le hablaron muy bien de mí y me invitó a que le fuera a ver a Nueva York. Tengo su dirección, pero no fui nunca. Una de las veces que estuvo en Barcelona, me dijo que pasara por su hotel y estuvimos hablando. Fue un día especial para mí. Cuando le dieron el Premio Ciudad de Barcelona, medalla de oro, también quiso que estuviera yo y me colocaron en primera fila.
¿Cómo puede meterse en los personajes que interpreta Woody Allen, donde el discurso es la parte más potente de sus historias, donde existen estas reflexiones y discursos filosóficos, relaciones de parejas…?
Relaciones humanas… Sus manías que son: Dios, el amor, el sexo… Supongo que debe ser difícil, yo tengo la obligación de decir que es muy difícil, pero para mi es un placer. Es un problema de actitud, es decir, yo miro la película y entiendo la actitud que tiene él, lo que quiere dar al público y, entonces, lo interpreto así. Este es el secreto, no es tanto poner una voz especial, sino que él quiere decir algunas cosas y yo al entenderle las ofrezco también para que se transmita igual. Intento ser natural y ser el personaje cercano que él interpreta.
¿De todo lo que ha hecho Allen, que destacaría?
Es difícil. Woody Allen, no ha hecho todavía la gran obra maestra de un gran personaje cinematográfico, pero en todas sus obras hay algo muy interesante. Es un hombre que hace una película cada año y te enamoras de la última que ha hecho, por ejemplo, cuando doblé Delitos y faltas, me encantó, pero luego hizo Asesinato en Manhattan y también, o Annie Hall, de las mejores; Días de Radio es maravillosa o La Rosa Púrpura de El Cairo… La última que hice, no es que sea una gran película pero es divertidísima. Yo me quedaría con los 20 minutos finales de La última noche de Boris Grushenko; hace un discurso extraordinario cuando le están a punto de matar.
¿Qué ha aprendido de Woody Allen?
Sobretodo, esa proximidad, su prioridad para comunicar sin la necesidad de hacerlo bien. No me preocupa hacerlo bien, sino comunicar qué quiero decir. Si no sé qué quiero decir estoy perdido; si sé lo que quiero decir y lo puedo comunicar, es el máximo que puedes conseguir en esta profesión. Woody Allen sabe muy bien comunicar.
¿Cómo lleva este proyecto de “Una maleta, dos maletas, tres maletas” que está interpretando en Barcelona?
Bien, aunque me va un poco grande. Por suerte tengo el reconocimiento del público, viene mucha gente y esto hace que, aunque me sobrepase, coja fuerzas gracias a este apoyo incondicional de la gente.
¿Qué perspectivas de futuro tiene?
Haber llegado a hacer una carrera profesional y ser aceptado por la gente, esto es mi gran capital. El futuro es mantener la aceptación, tanto en el teatro como en la tele. Cualquier proyecto es bueno si podemos mantener la comunicación y que la gente acepte lo que quiero decir. Ofertas no me faltan.
¿Qué destacaría de toda su trayectoria profesional?
Ahora entiendo muchas cosas que no hice porque ni yo ni las circunstancias eran propicias. Me preguntaba: ¿por qué no salgo por la tele, o por qué no hago cine? He intentando siempre ser muy honesto y comunicar. Si yo tuviera que hacer siempre la misma obra no aguantaría, intentamos utilizar la creatividad. Por eso las grandes comedias clásicas sólo duran dos meses porque es muy duro salir cada día salir a decir lo mismo. En cambio, en una comedia como la que estamos interpretando ahora, entra el juego escénico y la gente participa. Esta es la magia del teatro, cuando uno lo consigue esto es un placer que no te lo da ni la Primitiva.
