Entrevista
Arturo Fernández
Texto y entrevista: Verónica Soto. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista apareció publicada en el número 10 de tgapuzzle (primavera 2005)
Hay un rasgo que define al actor Arturo Fernández: la elegancia. Su estatura, sus maneras, sus gestos y, sobretodo, su tono de voz contundente crean un conjunto exquisito, como un suculento postre después de una placentera cena; o como un traje elegante: como el esmoquin. La elegancia no se compra: se tiene o no se tiene, se nace o no se nace con ella. Arturo Fernández sobre el escenario ofrece a su público estos dotes que, junto a su dilatada experiencia en el teatro, consigue otro éxito con Esmoquin 2 superando a la primera edición de la comedia.
Después de conseguir un triunfo clamoroso durante cinco meses en el Teatro Tívoli de Barcelona, se ha llevado su Esmoquin 2 al teatro Olimpia de Valencia, después debutará en Palma de Malloca y acabará su recorrido en Málaga.
Para Arturo Fernández su vida es el teatro, su vocación es palpable y se nota que está enamorado y satisfecho de su profesión. Asombra sobretodo la ilusión por interpretar, su actitud perfeccionista. Tiene un espíritu joven y un físico bronceado que le favorece; Arturo busca el sol y el mar por donde va; quizás por ello las últimas cuatro ciudades donde interpreta Esmoquin 2 son costeras.
Sin duda, es uno de los más grandes actores de nuestro país, sabe rodearse de los mejores, de los más sólidos porque tiene las ideas claras: sólo accede a textos serios y con un nivel, lo que dice mucho de él y de su calidad profesional. Santiago Moncada, autor de Esmoquin 2, define a Arturo como un violinista excepcional, capaz de mejorar su partitura con su toque mágico y de sacar tonalidades insospechadas a las notas escritas sobre el pentagrama. Conservemos la música clásica de nuestros escenarios y a esta nota con tanta distinción, puesto que trabajan para hacer reír al público y hacernos felices con sus interpretaciones.

¿Confiaste desde un principio en la segunda parte de Esmoquin?
Es la primera vez que en teatro se interpretan dos obras del mismo título y con los mismos personajes. Cuando me lo dijeron pensé que segundas partes nunca son mejores y me equivoqué porque la segunda parte gusta más, es más teatral, sobretodo para las mujeres ya que toca unos puntos importantes sobre el divorcio y los defectos que tiene un matrimonio durante 23 años. Cuando hay un autor inteligente, con un diálogo sagaz y elegante, cuando hay un componente que es la seducción, la elegancia, el buen tono… entonces no se suele fracasar.
¿Cómo definiría a sus compañeros de escena?
Son como una canción bella, como un bolero que me hace soñar. Fabio León es un actor con unos resortes interpretativos extraordinarios; Amparo Climent es la elegancia personificada y Paula Martel tiene una clase excepcional, emana simpatía, es un mundo aparte.
¿Tiene Arturo Fernández un sello propio?
El público me ha indicado el camino a seguir durante muchos años. A mí me encanta la comedia de boulevard; aunque siempre haya sido un género difícil de interpretar porque aparte de la comedia en sí se requieren unos intérpretes muy idóneos con glamour, con esa estética que exigen las cosas bellas. Este es el camino que he elegido durante casi 43 años que estoy con mi propia compañía y al que de alguna manera me ha guiado el público. No sé hacer otra cosa porque para mí hacer un drama es algo muy fácil, no hay nada más fácil para un autor de comedia que hacer un drama; sin embargo, al revés es muy difícil. La comedia necesita un desdoblamiento, una simpatía, una personalidad muy acusada; es algo muy especial, que se presiente, algo superior. El actor de comedia que sale a un escenario es como un olor a Chanel número 5.
¿Cuál es el secreto de Arturo Fernández para estar tan bien después de tantos años encima del escenario?
Esta es una profesión que te debe gustar por encima de todo porque si no es insoportable, tiene unos altos y bajos terribles. Yo puedo tener unas grandes dudas sobre lo que voy a hacer, el gran problema que tengo es saber elegir la comedia que seduzca al público porque no es fácil encontrar éxitos. Yo busco esto y le dedicamos horas y horas de ensayo antes de que se levante el telón, intento llegar a la perfección.
¿Le está haciendo daño al teatro la televisión?
Lo único que le hace daño al teatro es una mala comedia y una mala interpretación; lo demás no. La televisión es gratis y a lo que ha perjudicado es a la tertulia, que es tan necesaria.
¿Que opina de la nueva generación del teatro?
El teatro corre peligro, porque no hay una nueva generación involucrada en el teatro. La televisión absorbe mucho y esas ganas de darse a conocer en televisión a un actor no le lleva a nada; los cimientos de un actor se adquieren arriba de un escenario: el tono de voz, la forma de moverte, la profesión. Un actor jamás llega a ser bueno si no ha dedicado algunos años al teatro.
¿Tiene algún recuerdo especial de su trayectoria que se le haya quedado grabado?
Mis anécdotas son elogios del público. Una señora en Barcelona a quien se le había muerto el marido hacía un mes, me dijo que lo estaba pasando muy mal pero que estaba sorprendida porque durante las dos horas y media que duraba la función se había olvidado totalmente de su marido. Ella me daba las gracias porque veía que había cosas que de una forma o de otra podían quitarle esa gran pena que sentía. Esto para mí es una satisfacción.
¿Qué es lo que le gusta hacer fuera del teatro?
Soy un actor que no ha aprendido a hacer absolutamente nada que no sea representar, vivo para ello. No soy hombre de hobbies, ni practico ningún deporte, ni colecciono nada; eso sí, me gusta leer. Mi generación siempre hemos dicho que cuatro y cuatro son ocho, me gustan las mismas cosas de siempre: conversar, y veo que tengo poca gente para hacerlo porque en mis primaveras se fueron compañeros y, entonces, te llenas un poco de nostalgia, de recuerdos y afortunadamente sé estar solo porque me gustar pensar sobre mis recuerdos. Me encanta el mar, cuando lo contemplo es como si conversara con alguien. Además también me gusta tomar el sol.
¿Después de Esmoquin 2 que va a hacer?
Siempre que dejas una comedia es como si se acabara un gran amor porque las comedias de éxito te han dado satisfacciones, tranquilidad, y eso es impagable. Te da una tristeza terrible saber que vas a interpretar el último día. Es como si te faltara alguien, como si te hubieran abandonado, aunque eres tú el que abandonas.
¿Tiene ganas de empezar un proyecto nuevo?
Sí, porque es la única forma de olvidar, es como el amor, estoy entre dos comedias y eso es importante porque las dos son buenas; si no lo fueran yo no volvería a un escenario. Así te olvidas un poco de lo que acabas de dejar.
¿Siempre quiso ser actor?
No. ¡En mi familia nadie se sabía un verso! Creo que es el destino, te marca. Fue el no saber a que dedicarme. Tenía buena facha, era un chico joven de veinte años y cuando llegué a Madrid alguien me dijo que hiciera figuración, alguien marcó mi destino. Pero para esto antes tuve que llenar mi maleta de ilusiones y marcharme a Madrid. Todavía no sé porque fui y, al final, esa estrella que yo tengo que se llama Arturus fue la que me guió.
