Entrevista
Isabel Coixet
Texto y entrevista: Esther Molas. Fotos: Esther Sanromà
Esta entrevista aparecerá publicada en el número 30 de tgaPuzzle (otoño 2009)
El séptimo arte tiene nombre femenino: Isabel Coixet. Cineasta barcelonesa, Coixet rueda sus emotivas películas en países como Canadá, Estados Unidos, España o Japón, lugar donde sucede la acción de su última película Mapa de los sonidos de Tokio, filme que se puede ver ya en nuestras pantallas. Desde que en 1995 sorprendió en la sección Panorama de la Berlinale con la película Cosas que nunca te dije, Coixet ha vuelto a pisar este festival tres veces más por Mi vida sin mí, por Invisibles y por Elegy. A Venecia, llevó La vida secreta de las palabras, y a la sección oficial de Cannes, Mapa de los sonidos de Tokio, protagonizada por Sergi López y por la actriz japonesa Rinko Kikuchi.
Licenciada en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona, Coixet ha trabajado en el mundo de la publicidad, colabora semanalmente como articulista en el Dominical de El Periódico de Catalunya y ha creado y dirigido la instalación “From I to J” en el centro cultural Arts Santa Mónica de Barcelona, un gran homenaje a John Berger, escritor y pintor.
En su estudio barcelonés del barrio de Gràcia, conversamos con la directora catalana quien siente gran pasión por el mundo del arte.

¿Qué le atrae de rodar en lugares tan lejanos como Tokio o Vancouver?
En Vancouver he filmado dos películas, pero la acción no pasa allí. Antes de ir a Canadá estuve localizando escenarios por Estados Unidos y al final opté por Vancouver porque se adaptaba perfectamente al guión, y el presupuesto de producción se abarataba un 25%. Al final imperaron las razones económicas, por que a mí también me convencía la tristeza que transmite un barrio de Seattle o la niebla en el invierno de Wilmington, la ciudad de Carolina del Norte donde David Lynch rodó Blue velvet. Es más, Elegy se rodó sólo dos días en las calles de Nueva York. La mayoría de las escenas se captaron en Vancouver, aunque en pantalla parezca que se trata de Nueva York. Era mucho más barato. Además, en Vancouver me siento como en casa, pero esta sensación la tengo en muchos lugares.
¿Como en Tokio?
Allí me siento como una japonesa más. Me hacía mucha ilusión vivir unos meses en esta ciudad. Es la manera de conocer en profundidad otro mundo. Había viajado en dos ocasiones al festival de Tokio. Me fascinó desde el primer momento.
El cine producido en Catalunya atraviesa un dulce momento de reconocimiento internacional. Usted fue seleccionada en la sección oficial de Cannes por Mapa de los sonidos de Tokio. En este mismo festival Alex Brendemühl quedó finalista al mejor cortometraje por Rumbo a peor. El Oso de Oro de la Berlinale recayó en La teta asustada, de Claudia Llosa, una coproducción impulsada por Oberón, la empresa de Antonio Chavarrías.
No olvidemos que Cataluña es un mercado muy pequeño. No se puede poner a todos en la misma pecera. El mundo cinematográfico es un gigantesco acuario lleno de pequeñas peceras. Que los peces alimentados hoy en Cataluña resulten ahora más lindos es pura casualidad. Este itinerario por grandes festivales ha coincidido con la etapa de Fernando Lara al frente de la dirección general de Cinematografía, a quien cesaron. ¿Se podría atribuir a los frutos de su etapa o no? Desconozco la respuesta.
¿Cree que existe el cine catalán como una etiqueta?
No. Mi barómetro sólo contempla el cine de calidad, el cine que me conmueve, el que gusta, el que me habla a mí. Estas distinciones entre cine iraní o cine japonés no me convencen. Hay cineastas catalanes que no sé a quién hablan, al menos yo no conecto con ellos. En cambio hay directores y directoras japonesas que se dirigen directamente a mí. Los entiendo. Eso es lo que verdaderamente importa. Todo lo demás, como dice un amigo mío, es whisky barato.
En el pasado Festival de Berlín, al que asistió como jurado, la canciller alemana Angela Merkel la invitó a comer.
Sí, nos invitó a Tilda Swinton y a mí a almorzar en su despacho. Le expliqué los orígenes históricos de Cataluña, le hablé de unas regiones naturales que acabaron convirtiéndose en reinos. De algo me ha servido estudiar la carrera de Historia. Lo único difícil de explicar es la enervación de una España plural. El fanatismo siempre es difícil de argumentar. Pensé: “Estoy ante un jefe de Estado, se lo tengo que contar muy bien”. Era una oportunidad sobre todo para escuchar a Merkel. Es una mujer con sentido común, muy inteligente. No le oí ninguna tontería, lo cual no es habitual en políticos. Cuando Berlusconi la ningunea, me entran ganas de inyectarle un botox mortífero en la boca, a ver si se calla de una vez.
¿Qué significó estar seleccionada en Cannes al lado de cineastas tan consagrados como Michael Haneke, Quentin Tarantino, Kean Loach, Lars Von Trier y Pedro Almodóvar?
La verdad es que no me lo esperaba. La productora envió la película a última hora en un DVD. No estaba terminada. Personalmente prefería esperar a Venecia. Tenía más sentido. Primero para no ir a contrarreloj, y segundo, porque la fecha de estreno en España, fijada para el 28 de agosto, es más próxima al festival italiano. De aquí a que la película llegue al público pueden pasar muchas cosas. Pero al final pensé: “¿Por qué no?” Me lo tomé como una aventura más. Me hacía ilusión volver a reunir a Sergi López y a Rinko Kikuchi e irnos juntos a un karaoke. Y ya está. Lo último que quería era sentirme estresada. Lo logré. Pienso que he hecho una buena película, pero cuando me enteré de que competía contra Jane Campion o Kean Loach no paraba de repetirme: “¿Yo qué pinto aquí?
Usted era la única que debutaba en Cannes.
Fui la Cenicienta. Al final un festival de cine tampoco significa tanto. Cada vez doy menos importancia a las competiciones, a los actos y a los premios. ¿Qué importancia tiene que haya 5.000 periodistas o sólo cinco? Es un buen escaparate, nada más.
Gracias a haber estado seleccionada en Berlín y en Venecia y a haber estrenado en Estados Unidos, en Europa y en muchos países asiáticos, hoy su nombre tiene fama internacional.
Lo único importante es no dejar de filmar. Al final me lo tomo de manera muy práctica. ¿Todo esto me ayudará a la hora de rodar mi próxima película? ¿Me ayudará a tener menos dificultades para conseguir financiar el proyecto en el que creo? Pues si hay que ir, se va.
¿A qué dice “no”?
Me fío de mi intuición. Al final hay un momento en el que lo sabes. Además por fin he aprendido a decir “no”. A veces, incluso, a propuestas realmente interesantes pero que veo que no son para mí.
He rechazado dirigir una versión de Jean Eyre, que Charlotte Brontë escribió en 1847, protagonizada por Ellen Page, que fue descubierta en Juno. Como actriz me encanta. Me la imaginaba en el personaje de Jean Eyre. Además, ésta es una de mis novelas de cabecera. El problema es que se han hecho tantas versiones que no veía qué podía aportar yo. El encargo se complicaba porque querían una adaptación totalmente fiel a la obra original.
Por las calles de Barcelona ha paseado a sus amigos Tim Robbins, Haruki Murakami, Ben Kingsley y John Berger. ¿Qué les sorprende más?
Son personas a las que aprecio mucho. Murakami, a quien conocí en Japón, quiso que le acompañara en su ponencia en Casa Asia para sentirse más cómodo. Lo que más le sorprendió de Barcelona es la gastronomía. No paraba de comentar: “Demasiado aceite”. Está obsesionado con la comida sana. Todos coinciden en que la gente de Barcelona es amable, simpática. Pasear por las calles les encanta, y al ir con ellos yo la miro con otros ojos. No entienden que las tiendas cierren los domingos.
¿Cuál es el lugar que todos quieren conocer?
No es coincidente, pero el que más les conmociona es la Plaza Sant Felip Neri. No hay extranjero a quien no le impresione los agujeros de la metralla incrustados en el muro de la iglesia, la huella de los fusilamientos de la guerra civil.
Su nuevo trabajo documental versa sobre el agua como bien escaso. ¿El Mar de Aral, el lugar que ha elegido, es toda una metáfora sobe la desertización del mundo?
Ese mar de arena lleno de esqueletos de barcos varados es una alerta de cómo puede ser el mundo en poco tiempo. Nada más terminar el festival de Cannes, volé a Kazajistán para contar cómo es la vida de esa generación que no ha llegado a conocer ese inmenso lago de agua salada, cuya industria conservera fue el sustento de sus antepasados.
A Bigas Luna, a Basilio Martín Patino y a usted les han encargado los contenidos del Pabellón de España en la Expo Universal de Shanghai que se celebra en el 2010.
A partir de la premisa ‘De la ciudad de nuestros padres a la de nuestros hijos’ cada uno de nosotros recorre el pasado, el presente o el futuro. Yo me encargo de la última sede, la que habla de la ciudad que dejamos a los hijos. Mi intervención es más sensorial, más escultórica que audiovisual.
